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EL DESARROLLO SOSTENIBLE DE NUESTROS PUEBLOS Y CIUDADES: UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA.

La Resolución aprobada por unanimidad de los 193 países que integran la Asamblea General de Naciones Unidas, celebrada el 25 de septiembre de 2015 en Nueva York, «Transformar nuestro mundo: La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible», ha supuesto un hito histórico en la visión del planeta y del futuro de la humanidad, solo con anterioridad, la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada en París el 10 de diciembre de 1948, había establecido un ideal común para todos los pueblos y naciones de tanta transcendencia transformadora.

La Agenda 2030 con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y sus 169 metas, intenta retomar e ir más allá de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (OMD), aprobados en la cumbre de Naciones Unidas de septiembre del 2000. En ella, 189 países se comprometieron a trabajar unidos para erradicar la pobreza extrema y convertir el derecho al desarrollo en una realidad para todos.

El informe de evaluación realizado en 2015 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre los ochos objetivos en que constaba la Declaración del Milenio, señala los siguientes avances:

  • A nivel mundial la cantidad de personas que viven en pobreza extrema se ha reducido en más de la mitad. (Objetivo 1, “Erradicar la pobreza extrema y el hambre”)
  • La cantidad de personas de la clase media trabajadora que vive con más de 4 dólares por día se ha triplicado entre 1991 y 2015. (Objetivo 1)
  • El porcentaje de personas con nutrición insuficiente en las regiones en desarrollo cayó a casi la mitad desde 1990. (Objetivos 1 y 4, “Reducir la mortalidad infantil”)
  • La cantidad de niños en edad de recibir enseñanza primaria que no asistió a la escuela cayó a casi la mitad a nivel mundial. (Objetivos 2, “Lograr la enseñanza primaria universal” y 3, “Promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer”)
  • La tasa mundial de mortalidad de niños menores de 5 años ha disminuido en más de la mitad. (Objetivo 4)
  • Desde 1990, la tasa de mortalidad materna ha disminuido en un 45% a nivel mundial. (Objetivo 5, “Mejorar la salud materna”)
  • Se han evitado más de 6,2 millones de muertes causadas por paludismo entre los años 2000 y 2015, principalmente de niños menores de 5 años de edad en África subsahariana. (Objetivo 6)
  • Las nuevas infecciones del VIH disminuyeron en aproximadamente 40% entre 2000 y 2013. (Objetivo 6, Combatir VIH/Sida, paludismo y otras enfermedades”)
  • Se han establecido numerosas alianzas y realizado esfuerzos concertados de los gobiernos nacionales, la comunidad internacional, la sociedad civil y el sector privado que han contribuido a aumentar la esperanza y las oportunidades de la población de todo el mundo. (Objetivo 8, “Fomentar una asociación mundial para el desarrollo”)

Los resultados son alentadores pero todavía se alejan del objetivo de erradicar la pobreza y de consolidar el derecho al desarrollo en el todo mundo y para todas las personas. Especialmente, presenta datos frustrantes en cuanto a su objetivo 7, “Garantizar la Sostenibilidad del Medio Ambiente”, que pone de relieve los siguientes datos:

  • Las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo continúan aumentando, y en la actualidad son más de un 50% más altas que su nivel en 1990.
  • Las emisiones de dióxido de carbono han aumentado en más de 50% desde 1990 en todo el mundo.

Pero quedémonos con este dato: prácticamente se han eliminado las sustancias que agotan la capa de ozono y se espera que la capa de ozono se recupere a mediados de este siglo.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible amplia los objetivos y metas a alcanzar, integrando las tres dimensiones de la sostenibilidad (económica, social y ambiental) y, a diferencia de los Objetivos del Milenio, no solo se centra en paliar las desigualdades Norte/Sur entre los pueblos y naciones, sino que hace hincapié en la necesidad de cumplir con los ODS en los países desarrollados.

Esta nueva agenda universal, según se expone en su preámbulo, “quiere centrar sus esfuerzos en las siguientes esferas de importancia crítica para la humanidad y el planeta:

Las personas

Estamos decididos a poner fin a la pobreza y el hambre en todas sus formas y dimensiones, y a velar por que todos los seres humanos puedan realizar su potencial con dignidad e igualdad y en un medio ambiente saludable.

El planeta

Estamos decididos a proteger el planeta contra la degradación, incluso mediante el consumo y la producción sostenibles, la gestión sostenible de sus recursos naturales y medidas urgentes para hacer frente al cambio climático, de manera que pueda satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras.

La prosperidad

Estamos decididos a velar por que todos los seres humanos puedan disfrutar de una vida próspera y plena, y porque el progreso económico, social y tecnológico se produzca en armonía con la naturaleza.

La paz

Estamos decididos a propiciar sociedades pacíficas, justas e inclusivas que estén libres del temor y la violencia. No puede haber desarrollo sostenible sin paz, ni paz sin desarrollo sostenible.

Las alianzas

Estamos decididos a movilizar los medios necesarios para implementar esta Agenda mediante una Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible revitalizada, que se base en un espíritu de mayor solidaridad mundial y se centre particularmente en las necesidades de los más pobres y vulnerables, con la colaboración de todos los países, todas las partes interesadas y todas las personas.” (…)

A raíz de la aprobación de la agenda, los estados, organizaciones internacionales, el sector privado y las organizaciones integrantes del llamado tercer sector (ONGD y otras entidades y organizaciones sin ánimo de lucro), han promulgado, diseñado y elaborado, con mayor o menor éxito, innumerables normas, planes, programas e iniciativas tendentes a implementar los 17 ODS en sus estados y regiones y en colaborar, en mayor medida, en programas de cooperación internacional para el desarrollo.

De otro lado, se han acuñado por sociólogos, economistas, ecologistas, científicos, nuevos conceptos, tales como, globalización, responsabilidad social de las empresas, economía circular, comercio justo, consumo responsable, resiliencia económica y medioambiental, integración e inclusión social, igualdad de género y empoderamiento de la mujer, y un largo etc.

Ante todo ello, y reconocida la magnitud del problema, aunque no por todos los líderes de algunas naciones relevantes, la pregunta a realizarnos como ciudadanos no es otro que:

¿SOMOS CONSCIENTES  DE QUE EL ÉXITO O EL FRACASO DE LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE DEPENDE EN GRAN MEDIDA DE CÓMO AFRONTEMOS NUESTRAS ACTIVIDADES, ACCIONES Y APTITUDES CON NUESTRO ENTORNO URBANO Y SOCIAL?

Enfrentarse a esta pregunta, siendo ciudadano europeo y perteneciente a una estructura política como es la Unión Europea, exige una mayor responsabilidad, y una respuesta desde dos vertientes:

            1.- Desde nuestra capacidad de exigir a los responsables políticos la adopción de las medidas normativas y planificadoras que nos permitan afrontar con éxito estos retos, para ello, el buen gobierno, la transparencia y la participación ciudadana en la toma de decisiones deben estar presentes de forma efectiva en las Administraciones Públicas.

En este sentido, deberemos compeler a las Administraciones Públicas, Universidades e Instituciones, desde su respectivo ámbito de competencias, para que:

  • Los planes estratégicos que inciden en el desarrollo sostenible de los asentamientos urbanos, actualicen sus objetivos e indicadores para adaptarse a la Agenda 2030.

Especialmente, nos referimos a:

  • La Agenda Local 21 (formulada durante La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo o “Cumbre de la Tierra” celebrada en Río de Janeiro,  en Junio de 1992), que pretenden  disminuir a nivel mundial y de manera local el impacto ambiental que produce la vida en las ciudades .
  • El Pacto de Alcaldes para el Clima y la Energía (promovido por la Unión Europea en 2008), asumido ya por 7.700 ciudades y municipios europeos, de los que 1.187 son españoles, actualicen sus objetivos e indicadores para adaptarse a la Agenda 2030.
  • Los Planes de Acción y las Estrategias de Desarrollo Sostenible, tanto a nivel nacional y autonómico, incluyan planes de formación sobre valores, actitudes y hábitos sostenibles, tanto en la educación formal (primaria y secundaria) como en la informal.
  • La población en general conozca los hábitos y conductas sostenibles, mediante campañas públicas de información.
  • Las universidades sean foros y focos de innovación en sostenibilidad en sus tres dimensiones.
  • El sector privado se implique en un crecimiento económico sostenible.

2.- Desde nuestra capacidad de actuar y decidir, exigirnos y exigir a los ciudadanos que nos rodean en nuestra vida cotidiana hábitos sostenibles como el reciclaje y el consumo responsable y, con toda seguridad, reclamarnos y reclamar el valor del “Respeto”, el respeto a la diversidad, a la igualdad, a la inclusión social,  a nuestros mayores, al medioambiente, a la libertad de pensamiento, etc.

La Agenda 2030 realiza una promesa a las generaciones futuras que estamos obligados a cumplir:

“Estamos resueltos a liberar a la humanidad de la tiranía de la pobreza y las privaciones y a sanar y proteger nuestro planeta. Estamos decididos a tomar las medidas audaces y transformativas que se necesitan urgentemente para reconducir al mundo por el camino de la sostenibilidad y la resiliencia. Al emprender juntos este viaje, prometemos que nadie se quedará atrás.”

No hay mejor forma de concluir que la que realiza la propia Resolución de Naciones Unidas al finalizar el “Llamamiento a la acción para cambiar el mundo”,

 «El futuro de la humanidad y de nuestro planeta está en nuestras manos, y también en las de la generación más joven, que pasará la antorcha a las generaciones futuras. Hemos trazado el camino hacia el desarrollo sostenible, y nos corresponde a todos garantizar que el viaje llegue a buen puerto y que sus logros sean irreversibles.»

Nuestra obligación es pasar a la acción y si no lo conseguimos en un principio, poner más empeño en el segundo intento y en cuantos otros sean necesarios, y saber que no hay nada más bello que intentarlo mil veces. La meta lo merece.

Antonio Jorge Díaz Ortín

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